La Brida y el Bosque

Ubicación: AP-7, km 117 — Spain

Zona / Ruta: AP-7, km 117

País: Spain

Tipo de lugar: Rest Area, Park

Protagonistas: Truck Driver

Horario: Morning

Idioma: Español

Hay días en que el aire en las áreas de descanso se siente eléctrico, cargado de promesas. Estaba oculto en el bosquecillo que linda con el aparcamiento de camiones, observando. Mi mirada se fijó en una cabina: un camionero estaba sentado en el asiento del acompañante, con la puerta entreabierta. Estaba sin camiseta. Era un ejemplar macizo, pura virilidad curtida en la carretera. Pude ver el relieve de sus músculos y el vello de su pecho recortado contra la luz de la cabina. Estaba tranquilo, ajeno a mi presencia, pero su mera estampa ya me estaba calentando.

Al rato, se bajó del camión. Le perdí de vista entre la fila de remolques. Sentí la urgencia de seguirle. Me moví sigilosamente por el borde del bosque hacia donde creía que había ido. Y ahí estaba. Se había desviado hacia una zona más oculta detrás de unos arbustos. Estaba de rodillas, de espaldas a mí, en una postura que no dejaba lugar a dudas: se estaba ofreciendo al primero que pasara. Mi rabo se despertó de golpe, endureciéndose contra mi pantalón.

De repente, el hombretón se levantó y empezó a caminar directo hacia mi escondite. Ni me imaginaba que me había visto. Mi polla ya quería guerra, y él parecía tener más hambre aún. Se detuvo a escasos centímetros de mí, su respiración agitada llenando el espacio entre los dos. Sin decir palabra, se arrodilló de nuevo frente a mí. Sacó una brida de plástico de su bolsillo y me la tendió, con una mirada que era pura rendición. Me pidió, con voz ronca, que le atara las manos a la espalda.

Con las manos aseguradas, empezó su banquete. ¡Qué hambre tenía de polla! Se tragó mi rabo hasta la garganta, con una desesperación que me hizo temblar. No pude contenerme; le solté un par de guantazos sonoros en la cara para animarle a chupar más profundo, para que sintiera el peso de mi dominación. Él respondió con un gemido sordo, hundiéndose aún más en mi entrepierna. Me dejó completamente agotado, vació mis huevos sin piedad, succionando hasta la última gota de placer.

Se levantó, me dedicó una última mirada y se perdió de nuevo entre los camiones. No le he vuelto a ver, pero el recuerdo de su hambre y el sonido de la brida al ajustarse siguen resonando en este bosque.