Espectáculo obrero y lonas tensas en Barracas

Ubicación: Barracas — Argentina

Ciudad: Barracas

País: Argentina

Tipo de lugar: Construction Site

Protagonistas: Worker, Truck Driver

Horario: Morning

Idioma: Español

Qué hacés, che. Les quiero contar una que me pasó el otro día y que todavía me tiene la cabeza a mil. Resulta que por cuestiones de laburo me tuve que quedar un par de días en una casa por Barracas, cerca de la zona de los depósitos, un barrio bien de laburo, con ese ruido constante de motores y olor a asfalto caliente. Estaba en el balcón del primer piso, acomodando unas cajas y limpiando un poco para pasar el tiempo, cuando de repente se armó el festival justo enfrente de mis ojos.

Cruzando la calle había una obra en construcción terrible, de esas que mueven camiones tumba y acoplados todo el santo día. En un momento frena un camión trompito y atrás un Mercedes viejo, de los que transportan materiales pesados. Lo mejor vino cuando los choferes y los peones se dispusieron a tapar la carga con esas lonas verdes gigantes de arpillera para que no volara la arena por la autopista.

Ahí me colgué. No pude moverme más del balcón. Eran tíos comunes, corpulentos, curtidos por el sol, sin nada de gimnasio encima pero con un lomo de puro laburo diario. Uno de ellos, un morocho de unos treinta largos, con una remera esquelética gastada y unos jeans que le quedaban pintados, se subió a la baranda del acoplado para estirar la soga. Al estirarse todo para llegar al enganche, el jean se le amoldó de una forma impresionante. Qué pedazo de orto, por favor. Un culo redondo, firme, bien marcado por el esfuerzo, de esos que te dan ganas de meterle un cachetazo ahí mismo.

El otro chabón, un tipo más maduro, con una panza hermosa de camionero fana del asado, lo ayudaba desde abajo. Cada vez que tiraban de la lona juntos, las telas de los pantalones se les ceñían al mango. Te juro que no podía sacar la mirada. Era una situación re cotidiana, re ligera, pero el morbo que me daba ver esos bultos marcados y esos culos rústicos moviéndose al ritmo del laburo me puso la pija de piedra adentro del pantalón. En cualquier momento, por un movimiento brusco, sentía que a alguno se le iba a rajar el pantalón o se le iba a asomar media hucha por arriba del tiro bajo.

Disimuladamente, agarré el celular. Me apoyé contra la baranda del balcón, hice como que mandaba un audio de corrido y clavé el video con el zoom al palo. Filmé todo el movimiento: cómo transpiraban, cómo se acomodaban el paquete a dos manos sin ningún pudor antes de subirse a la cabina, y sobre todo, esos movimientos de cintura que hacían para tensar las sogas. Una delicia de video, directo para la colección privada.

Tenía que haber terminado de ordenar el balcón en media hora, pero la verdad que el laburo me llevó el doble de lo previsto. ¿Y cómo no? Si cada diez minutos entraba un camión nuevo y el espectáculo de carne obrera volvía a empezar. Me quedé ahí firme, disfrutando del paisaje urbano y tocándome un poco por encima del bolsillo, agradeciendo haber estado en el lugar y el momento justo. Qué lindo es Buenos Aires cuando se pone así de rústico.